jueves, 4 de agosto de 2011

Pajarito de Color (Leyenda de Cuba)

 

foto

Cartacuba - Cuban Tody (Todus multicolor) -

 

Los pájaros iban en caravana volando por los caminos y sobre el desierto para no quemarce las patas, metiéndose en las nubes para refrescarce. El sinsonte cantando, la bijirita en el lomo de la tojosa, la paloma llevando el mensaje a la cabeza de la gran manifestación que iba a homenajear al rey por el día de su cumpleaños.

Al fin llegaron al palacio y tomaron sus puestos: la paloma en el sitio de preferencia; Ou, el algodón, cubriéndola de pies a cabeza.

El rey salió a recibirlos vestido con su casaca roja.

Los pájaros entraron y estrecharon su mano, también lo besaron. Pero había uno muy presumido que era la envidia de los demás, por lo blanco que era. Un blanco mas blanco que el hielo y que la nieve, que por esos lugares era algo rarísimo.

Le decían Odilere, <>.

Odilere quedo rezagado y cuando entro en el palacio no saludó al rey. Lo vió ahí parado delante suyo, embutido en su cascara de tafeta roja con alamares dorados, pero a Odilere no se le movió una sola pluma. El rey le era indiferente.

--¿Para qué vino? -- preguntó el sijú.

--Para darce plante --refunfuñó la siguapa.

Tosoa se morían de celos al verlo tan pedantón y cocorito.

Al rey le llamó la atención tanta blancura y lo llamó:

--TU, acércate.

Odilere se acercó y con poca gana le hizo una reverencia.

El rey estaba tan embelesado por su blancura que ni siquiera se ofendió por tamaña falta de respeto.

Y aquí fue donde ni el sijú, ni la siguapa, ni el sinsonte pudieron más de la envidia y recogieron ceniza en burajones, manteca de cacao en puñados, azufre y tinta y se la tiraron a Odilere, que quedó transformado en un arcoiris y mucho más lindo que cuando era blanco.

El rey, al verlo coloreado, le puso una coronita como premio: corona de cardenal.

Y así, por la envidia de los feos, nacieron los pájaros de colores.

Nació Odilere, que es la belleza.

La paloma, que no saltó, se quedó blanca.

El rey la nombró, entónces, su mensajera oficial.

Aquí se acaba la historia.

 

 

*           *           *

LA POESÍA ES UN ARMA CARGADA DE FUTURO


Imagen de Gabriel Celaya tomada de la web


Cuando ya nada se espera personalmente exaltante,
mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia,
fieramente existiendo, ciegamente afirmando,
como un pulso que golpea las tinieblas,
que golpea las tinieblas.
Cuando se miran de frente
los vertiginosos ojos claros de la muerte,
se dicen las verdades;
las bárbaras, terribles, amorosas crueldades.
Se dicen los poemas
que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados,
piden ser, piden ritmo,
piden ley para aquello que sienten excesivo.
Con la velocidad del instinto,
con el rayo del prodigio,
como mágica evidencia, lo real se nos convierte
en lo idéntico a sí mismo.
Poesía para el pobre, poesía necesaria
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,
para ser, y en tanto somos, dar un sí que glorifica.
Porque vivimos a golpes, porque apenas sí nos dejan
decir que somos quien somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
Estamos tocando el fondo.
Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido,
partido hasta mancharse.
Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren,
y canto respirando.
Canto y canto y cantando más allá de mis penas,
de mis penas
personales, me ensancho.
Quiero daros vida, provocar nuevos actos,
y calculo por eso, con técnica que puedo.
Me siento un ingeniero del verso y un obrero
que trabaja con otros a España en sus aceros.
Tal es mi poesía: poesía-herramienta
a la vez que latido de lo unánime y ciego.
Tal es, arma cargada de futuro expansivo
con que te apunto al pecho.
No es una poesía gota a gota pensada.
No es un bello producto. No es un fruto perfecto.
Es algo como el aire que todos respiramos
y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.
Son palabras que todos repetimos sintiendo
como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado.
Son lo más necesario: lo que no tiene nombre.
Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos.
Gabriel Celaya



"Después de leerla despacio y quizá de escuchar la canción (ir a: Paco Ibáñez y Grabriel Celaya), os propongo un juego en torno a una pregunta:
¿Qué nos sugiere hoy, casi 40 años después, este poema?
O bien: ¿De qué modo nos vemos reflejados en alguno de los textos?"
La propuesta anterior es de Francisco Paz. La conseguí en el enlace que va a continuación:
http://blogs.periodistadigital.com/hablemos.php/2007/08/24/p112449
Si se hace clic en Paco Ibánez podrán escuchar la canción, además.

Jairo Aníbal Niño: hacedor de sueños y ternuras

Jairo Aníbal Niño: hacedor de sueños y ternuras 
Frank Renlie: Pareja Arcoiris


http://frases-poemas.blogspot.com/2009/06/el-aire-alrededor-jairo-anbal-nino.html
***********************************
De Jairo Aníbal Niño uno aprende muchas cosas: desde tener una casa cuyas paredes no sean de ladrillos sino de libros, hasta asumir a la ternura y el humor como respuestas a las diversas formas de la violencia. De Jairo Aníbal Niño, sobre todo, uno aprende a abordar la realidad cotidiana desde el lado poético de la misma: aún en aquellos instantes en que pudiera ser demasiado cotidiana, muy común, posiblemente vulgar.
Compartíamos el IV Festival Iberoamericano de Narración Oral Escénica en Elche, Alicante, como habíamos compartido el de Madrid: con toda la fuerza de nuestras voces y todo el entusiasmo de nuestros cuerpos, llenos de nosotros y del hacer y decir de los otros.
Andábamos caminos – vivenciando la sencilla importancia de tantas calles cubiertas por el polvo de los siglos- cuando Jairo nos comenzó a hablar del unipersonal que estrenaría, ante el público del Festival, en noches siguientes. Quería que le acompañáramos a elegir, y nos proponía – gran honor, no tanto para su esposa Irene, por ser una práctica familiar, como para mí, al permitirme participar de ella – una serie de los temas que presenta en sus amorosas conversaciones.
Los tres pensamos en la importancia, para ese público, de su encuentro en un vuelo, con la risa, las miradas y la complicidad compartida con una niña que, descubrió, no era otra que la hermana desconocida de El Principito: vivencia de su viaje a Monterrey (México) y que fuera presentada en el Segundo Festival de Narración Oral Escénica, con toda la magia del ser y hacer de este Señor de la Palabra que se Dice.
En ese andar, distraídos y abstraídos, nos habíamos llegado a la plaza de Elche, con su fuente y sus palmeras, su Gran Teatro y sus jardines, su revuelo de pájaros, su bar, sus comercios, el conversar de su gente, sus vendedores callejeros y el juego de sus niños.
Y fue ahí cuando el silencio nació, cuánto duró no lo sabemos: frente a nosotros correteaba, como jugando con sus propios pasos, una niña de rubios y ensortijados cabellos. Pequeñita – tanto para poder pensar que disfrutaba de un correr que recientemente realizaba sola- vestía un abrigo largo y azul, similar en forma y en tono al dibujado por Saint Exupery para el personaje de su maravilloso libro. Todo no hubiera pasado de una feliz coincidencia: pero el lado poético de la vida va más allá de un nivel rudimentario.
Nuestro silencio creció cuando, ante nosotros, apareció una hoja que venía traída por el viento. Desprendida quién sabe de dónde – porque la plaza tiene palmeras y no árboles- giró, giró, giró hasta depositarse en los pies de la pequeña. Ella también había seguido su descenso sereno y sencillo. La cogió con un delicado gesto. Se acercó a la fuente, humedeció apenas la hoja en sus aguas y, con ella, refrescó una de sus acaloradas mejillas. Volvió a humedecerla, para realizar el mismo acto en la otra mejilla. Luego la soltó y siguió correteando...perdiéndose en medio de los otros, los niños y adultos, en ese jugar con sus propios pasos.
Nuestras miradas sorprendidas – la de Irene, la de Jairo, la mía- volvieron a encontrarse. Nuestro silencio permaneció unos segundos más, hasta estallar en abrazos y risas: ¿Qué podríamos decir ante 
La Aparición de la Principita?

Tomado de 
¿Quieres contar cuentos? de Armando Quintero: "Vivencia I".