martes, 20 de julio de 2010

CANTO TRISTE DE CUACUAUHTZIN
(Cuacuauhtzin icnocuicatl)




Flores con ansia mi corazón desea.
Que estén en mis manos.
Con cantos me aflijo,
sólo ensayo cantos en la tierra.
Yo, Cuacuauhtzin,
con ansia deseo las flores,
que estén en mis manos,
yo soy desdichado.

¿Adónde en verdad iremos
que nunca tengamos que morir?
Aunque fuera yo piedra preciosa,
aunque fuera oro,
seré yo fundido,
allá en el crisol seré perforado.
Sólo tengo mi vida,
yo, Cuacuauhtzin, soy desdichado.

Tu atabal de jades,
tu caracol rojo y azul así los haces ya resonar,
tú, Yoyontzin.
Ya ha llegado,
ya se yergue el cantor.
Por poco tiempo alégrense,
vengan a presentarse aquí
los que tienen triste el corazón.
Ya ha llegado,
ya se yergue el cantor.

Deja abrir la corola a tu corazón,
deja que ande por las alturas.
Tú me aborreces,
tú me destinas a la muerte.

Ya me voy a su casa,
pereceré.
Acaso por mí tú tengas que llorar,
por mí tú tengas que afligirte,
tú, amigo mío,
pero yo ya me voy,
yo ya me voy a su casa.
Sólo esto dice mi corazón,
no volveré una vez más,
jamás volveré a salir sobre la tierra,
yo ya me voy, ya me voy a su casa.

Sólo trabajo en vano,
gocen, gocen, amigos nuestros.
¿No hemos de tener alegría,
no hemos de conocer placer, amigos nuestros?
Llevaré conmigo las bellas flores,
los bellos cantos.
Jamás lo hago en el tiempo del verdor,
sólo soy mendigo aquí,
sólo yo, Cuacuauhtzin.
¿No habremos de gozar,
no habremos de conocer el placer, amigos nuestros?
Llevaré conmigo las bellas flores,
los bellos cantos.

Cuacuauhtzin de Tepechpan.



Tarumba
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Único canto a la vida...Un canto a la supervivencia.

Jaime Sabines

Es el primer gran poema que hace usted
.

Pedro Garfias





Escrito en la parte posterior de la tienda "El Modelo", donde también estaba su casa, en 1954. La primera edición de 500 ejemplares apareció en la Colección Metáfora, en 1956. El poema Tarumba fue dedicado al general Francisco J. Grajales Godoy, quien apoyó el desarrollo de la cultura en Chiapas. Philip Levine y Ernesto Trejo tradujeron al inglés ese poema en 1979, aparecido en la edición de Twin Peaks Press.

Tarumba fue "un acto de afirmación", declaratoria, "de fe en el mundo y creo que sigue siendo eso para todos los jóvenes: aquí estoy, estoy plantado en el mundo, a pesar de los vendavales y las tormentas". Paralelamente ha dicho que "Tarumba es su otro yo" y que aquella época le gustó tanto que "volvería a vivirla aunque haya sido de mucho dolor y de mucha angustia". Tarumba es el poema "de un hombre que quiere llevar una vida normal"; un "poema que se nutre en la calle".


Se encuentra formado por:
• Tarumba
• A la casa del día
• Ay, Tarumba
• La mujer gorda
• En este pueblo
• A caballo
• Oigo palomas en el tejado del vecino
• Si alguien te dice
• Qué putas puedo hacer con mi rodilla
• Sobre los ojos
• Estos días
• Quién sabe en que rincón del trago
• Te puse una cabeza sobre el hombro
• ¡Aleluya!
• Esto es difícil
• La primera lluvia del año
• Amanece la sangre doliéndome




Estos días, iguales a otros días de otros años,
con gentes iguales a otras gentes,
con las mismas horas y los mismos muertos,
con los mismos deseos,
Con inquietud igual a la de antes;
estos días, Tarumba, te abren los ojos,
el viento largo y fino te levanta.
No pasa nada, ni estás solo.
Pasa tu con el frío desvelado
y pasas otra vez. No sabes dónde,
a dónde, para qué.
Oyes recetas de cocina,
voceadores, maullidos.
¡Fiestas de la barriga, navidad, año nuevo,
qué alegres estamos,
qué buenos somos!
Tú, Tarumba, te pones tus alas de ángel
y yo toco el violín.
y el viejo mundo aplaude con las uñas
y derrama una lágrima, y sonríe.
Lo que soñaste anoche,
lo que quieres, está
tan cerca de tus manos, tan imposible
como tú corazón,
tan difícil como apretar tu corazón.
Lo que anoche, Tarumba, viento de sueño,
sombra de sueño, creció arrebatándote,
era tu paz, era
a larga música del vidrio de tus venas.

Ahora tienes el rostro como un espejo quebrado.
De araña a araña vas, como una mosca,
de día a día zumbas, cabeza de mil ojos,
mano con pelo, bocabierta, tarugo.
no crees nada,
ni siquiera naces.
Chupas de la botella de la muerte
y me dices ¡salud! Entre hipo e hipo.