martes, 3 de noviembre de 2009

. Alavanza . /poesia maya/

" NO ACABARÁN MIS FLORES
NO CESARÁN MIS CANTOS.
yO, CANTOR, LOS ELEVO.
SE REPARTEN, SE EXPARCEN..."
poesía Maya


. Alabanza.




Ponte tu mejor ropa.
El día de la dicha ha llegado.
Peina tu larga cabellera.
Ponte tu mas bello vestido.

Calza tus mejores sandalias.
Cuélgate grandes arracadas.
Cubre tu cabeza con la tela mejor.

Que el collar adorne tu hermoso cuello.
Y se llenen de ajorcas tus brazos.
Es necesario que te vean como eres:
la mas bella de todas,
aquí en el pueblo de Zibalche.

Te amo.
Quiero que luzcas de verdad muy hermosa,
parecida a la estrella humeante,
deseada hasta por la luna y las flores del campo.

Blancos y puros son tus vestidos, doncella.
Ven a dar la alegría de tu risa.
Llena tu corazón de bondad.
Alegra a todos los hombres que te aman.


* De El libro de las danzas de los antiguos
** Sobre la traducción de Alfredo Barrera Vázquez

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La consigna:
Mantener la Dignidad, la Fe y la Esperanza.

Los seres humanos son libres excepto cuando la humanidad los necesita.
ORSON SCOTT CARD

lunes, 2 de noviembre de 2009

A todos nuestros siempre amados muertitos,
la paz sea a ellos.
l Los Ángeles Muertos l





Buscad, buscadlos:
en el insomnio de las cañerías olvidadas,
en los cauces interrumpidos por el silencio de las basuras.
No lejos de los charcos incapaces de guardar una nube,
unos ojos perdidos,
una sortija rota
o una estrella pisoteada.
Porque yo los he visto:
en esos escombros momentáneos que aparecen en las neblinas.
Porque yo los he tocado:
en el destierro de un ladrillo difunto,
venido a la nada desde una torre o un carro.
Nunca más allá de las chimeneas que se derrumban,
ni de esas hojas tenaces que se estampan en los zapatos.
En todo esto.
Más en esas astillas vagabundas que se consumen sin fuego,
en esas ausencias hundidas que sufren los muebles desvencijados,
no a mucha distancia de los nombres y signos que se enfrían en las paredes.
Buscad, buscadlos:
debajo de la gota de cera que sepulta la palabra de un libro
o la firma de uno de esos rincones de cartas
que trae rodando el polvo.
Cerca del casco perdido de una botella,
de una suela extraviada en la nieve,
de una navaja de afeitar abandonada al borde de un precipicio.
Rafael Alberti