miércoles, 11 de febrero de 2009

Medios de Comunicación: un riesgo de todos

Los hombres y mujeres de nuestra sociedad actual donde nada encuentran auténtico, donde huyen tras frívolos materialismos, donde ya no quedan verdades inalterables por las cuales luchar, en donde tanto mas valen los intereses egoístas que los altruistas, en donde la escala de valores que erigía nuestra cultura se a desmerecido como soporte moral, en donde los distintos medios de difusión, no comunican para construir vínculos de solidaridad entre las personas ni para buscar la verdad como principio último en las distintas áreas de la información, eligen en cambio, crear sus propias formas de filtrarnos la realidad y los antecedentes, con el fin de domesticar los intereses colectivos al deliberado consumismo: utilizando los medios de comunicación y en virtud de su masivo alcance y seducción, se logra al distorsionar las informaciones la influencia sobre que decidir y como hacerlo en cada espacio de la vida, en cambio tanta “ficción” y fragmentación de los datos, producen un problema que se experimenta a diario, la constante confusión entre las escandalosas noticias y desgracias, que logran en gran medida surtir de dudas y, tanto mas alarmante de una indiscutible sensación de irrealidad, provocando en diversos ámbitos sociales, la fría puñalada de la indiferencia que converge paradójicamente a nuestra era, en un repetido escenario de la incomunicación entre las personas.
Hacen falta nuevas visiones, nuevos ideales, un nuevo<>: es justo encarar la realidad de hoy desde otros focos visionarios.
A mi me enseñaron desde niño a no confiarme demasiado en todo lo que escucho, a no atestiguar por verdadero todo lo que ingresa por mis ojos, a no acatar por entero las reglas o el precepto solo por que estos sean ejecutados por los superiores o por la ley misma, sino que ante todo siempre me ejercité a tener una mirada preciadamente crítica de las circunstancias, saber discernir con saludable juicio, lo que es justo y sin trampa, que confiesa a mis derechos como persona su valor inviolable, que sostiene los principios mismos comprendidos en la <>, conciencia que nos permite obrar libremente y en virtud de nuestros derechos: encarados al diálogo y la solidaridad. Aunque este juicio pueda resultar un tanto inusitado y con cadencias de utopía, a lo que relaciones humanas se refiere no es menos objetivo, es preciso tener siempre una visión critica de la información que llega a nuestro alcance, de todo cuanto se nos anuncia y circula como supuesta “realidad” o mención por la cual lo real surta efecto, desde una palabra que nos pueda estipular, hasta un informe de cartelera publicitaria: que solo ordena las realidades de la gente para programar despectivamente sus propios intereses.

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